Carole Hart

por Carole Hart
Febrero 5, 2016

No es cuestión de suerte,
es estrategia.

En publicidad y comunicación de marcas la ausencia de una buena estrategia tiende a ser la principal responsable del fracaso comercial de productos y servicios, pues aunque puedan existir diferentes problemas que afecten la gestión, es en la base donde se abren las brechas de los errores insostenibles. Recordemos que si la zapata de un edificio es débil, no importará el buen diseño y la decoración que tenga, tarde o temprano este colapsará.

La estrategia se fundamenta en el análisis previo a la acción para identificar de manera precisa el problema desde todos sus ángulos y definir los pasos para la solución más viable.

En mi caso personal, siempre he sentido fascinación por Sun Tzu y El arte de la guerra. La sabiduría milenaria de este libro traspasa las barreras del tiempo, para cualquier batalla que tengamos que librar en la vida, no importa que sea profesional o personal, allí encontraremos  principios básicos que nos guiarán en la consecución de nuestros objetivos.

Partiendo de este conocimiento y mis propias experiencias en el mundo del marketing y publicidad, les comparto algunas reglas básicas para esa buena zapata en comunicación:

Saber a dónde vamos. Identificar el problema, establecer objetivos claros y medibles es el primer paso. Saber hacia dónde vas con claridad es la única manera para poder encontrar el camino correcto.

Conocer el terreno. Comprender muy bien al consumidor y el contexto cultural en que se desarrolla. Mientras más claro esté el perfil, más precisos seremos con el mensaje.

Entender la competencia. Antes de lanzarte al campo de batalla, conocer las fortalezas y debilidades del “enemigo” es imprescindible. Saber a qué te vas a enfrentar te permitirá prepararte mejor y descubrir las posibles oportunidades para ganar ventaja.

Identificar nuestras fortalezas y debilidades. Echar una mirada sincera a nuestro producto y nuestras verdaderas posibilidades. Reconocer dónde podemos ser mejores y dónde tenemos desventaja es imprescindible, nos ayudará a tomar las decisiones más inteligentes. Por ejemplo, un producto nuevo sale al mercado a competir con un líder absoluto de la categoría, intentar competir de frente con el gigante le haría agotar todos sus recursos rápidamente, la mejor táctica sería encontrar un nicho inexplorado por el competidor y apostar a una comunicación creativa más osada.

Ser coherente y persistente. Una vez definido el camino y agotado todo el proceso de análisis, ser constante y coherente es la regla número uno para la recordación. Si eres la marca de vehículo que se enfoca en seguridad familiar, no quieras también ser la más deportiva, la lujosa, la joven… En la mente de los consumidores eres una de ellas o no eres nada. Y esa percepción que construyas, solo quedará anclada cuando mantengas el mismo discurso a lo largo del tiempo.

Evitar la reactividad. Reaccionar y dejarse provocar constantemente ante los estímulos de la competencia, en mi experiencia, es la madre de todos los fracasos. Esto no quiere decir que no se ajusten en el camino los detalles que no funcionan, más bien se trata de actuar cuando conviene y no bajo la presión indirecta de nuestro adversario.

Aplicar creatividad. Una vez más lo repito, encontrar el camino propio y auténtico es lo que nos separa del ruido, la monotonía y el caos. Es el stop que necesitamos que haga la gente ante nuestro llamado. Además es el factor sorpresa que no se espera el adversario.

En conclusión, detenerse a planear lo que haremos, no es pérdida de tiempo, todo lo contrario, es el primer y más importante paso para tumbarle el pulso a la suerte y hacer que las cosas que queremos pasen.

Artículo por Carole Hart para la revista Forbes, República Dominicana.